El Cuerpo Místico de Cristo

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Oraciones para la noche

SALMO 50 (51)

Misericordia, Dios mío, 
por tu bondad: 
por tu inmensa compasión 
borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. 
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado: 
Contra ti, contra ti solo pequé, 
cometí la maldad que aborreces. 
En la sentencia tendrás razón, 
en el juicio brillará tu rectitud. 
Mira, que en la culpa nací, 
pecador me concibió mi madre.
Te gusta un corazón sincero, 
y en mi interior me inculcas sabiduría
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; 
lávame: quedaré más blanco que la nieve.
Hazme oír el gozo y la alegría, 
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista, 
borra en mí toda culpa.
¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, 
renuévame por dentro con espíritu firme; 
no me arrojes lejos de tu rostro, 
no me quites tu santo espíritu. 
Devuélveme la alegría de tu salvación, 
afiánzame con espíritu generoso: 
enseñaré a los malvados tus caminos, 
los pecadores se volverán a ti. 
Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, 
Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia. 
Señor, me abrirás los labios, 
y mi boca proclamará tu alabanza. 
Los sacrificios no te satisfacen; 
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. 
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: 
un corazón quebrantado y humillado, Tú no lo desprecias. 
Señor, por tu bondad, favorece a Sión, 
reconstruye las murallas de Jerusalén: 
entonces aceptarás los sacrificios rituales, 
ofrendas y holocaustos, 
sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

LITURGIA DE LAS HORAS

Oración Vespertina (Vísperas)

Cuando el día se acaba y llega la noche, rezamos las Vísperas dando gracias por todos los beneficios recibidos y por todo lo bueno que nosotros, tomándolo de Dios, hemos hecho. Recordamos el regalo preciosísimo de la Redención y el sacrificio vespertino de la última cena. Gozando ya de estos beneficios, pedimos a Cristo que nos ilumine al final de nuestra vida con la gracia de luz eterna.

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre. Como era. (Aleluya.)

 

HIMNO

Cristo conmigo, Cristo delante de mí,
Cristo detrás de mí
Cristo dentro de mí, Cristo debajo de mí,
Cristo encima de mí;
Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda.
Cristo en la fortaleza, Cristo en el asiento del carro,
Cristo en la popa del navío;
Cristo en el corazón de todo hombre que piense en mí,
Cristo en la boca de todo hombre que hable de mí,
Cristo en todo ojo que me vea,
Cristo en todo oído que me oiga.

 

SALMODIA

Ant. 1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Confianza ante el peligro Salmo 26

I
Si Dios está con nosotros ¿quién estará contra nosotros?,
¿quién podrá apartarnos del amor de Cristo? (Romanos 8, 31.35)

El Señor es mi luz y mi salvación,
   
¿a quién temeré?
    El Señor es la defensa de mi vida,
   
¿quién me hará temblar?
Cuando me asaltan los malvados
    para devorar mi carne,
    ellos, enemigos y adversarios,
    tropiezan y caen.
Si un ejército acampa contra mi,
    mi corazón no tiembla;
    si me declaran la guerra,
    me siento tranquilo.
Una cosa pido al Señor,
    eso buscaré:
    habitar en la casa del Señor,
    por los días de mi vida;
    gozar de la dulzura del Señor
    contemplando su templo.
Él me protegerá en su tienda
    el día del peligro;
    me esconderá en lo escondido de su morada,
    me alzará sobre la roca;
y así levantaré la cabeza
    sobre el enemigo que me cerca;
    en su tienda sacrificaré
    sacrificios de aclamación:
    cantaré y tocaré para el Señor.

Ant. 1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?
Ant. 2 Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.

II
Algunos, poniéndose de pie,
daban testimonio contra Jesús. (Marcos 14, 57)

Escúchame, Señor, que te llamo;
    ten piedad, respóndeme.
Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”.
    Tu rostro buscaré, Señor,
    no me escondas tu rostro.
No rechaces con ira a tu siervo,
    que tú eres mi auxilio;
    no me deseches, no me abandones,
    Dios de mi salvación.
Si mi padre y mi madre me abandonan,
    el Señor me recogerá.
Señor, enséñame tu camino,
    guíame por la senda llana,
    porque tengo enemigos.
No me entregues a la saña de mi adversario,
    porque se levantan contra mí testigos falsos,
    que respiran violencia.
Espero gozar de la dicha del Señor
    en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
    ten ánimo, espera en el Señor.

Ant. 2 Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro.
Ant. 3 Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

Cántico                                                                        Colosenses  I, 1 2-20

Himno a Cristo, primogénito de toda criatura y
primer resucitado de entre los muertos

Damos gracias a Dios Padre,
    que nos ha hecho capaces de compartir
    la herencia del pueblo santo en la luz.
Si nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
    y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido,
    por cuya sangre hemos recibido la redención,
    el perdón de los pecados.
Él es imagen de Dios invisible,
    primogénito de toda criatura;
    pues por medio de él fueron creadas todas las cosas:
    celestes y terrestres, visibles e invisibles,
    Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades;
    todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.
    Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia.
    Él es el principio,
    el primogénito de entre los muertos
    y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud
    Y por él quiso reconciliar consigo todas las cosas:
    haciendo la paz por la sangre de su cruz
    con todos los seres, así del cielo como de la tierra

Ant. 3 Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo.

LECTURA BREVE                                                              Santiago 1, 22. 25

Llevad a la práctica la palabra y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos. El que se concentra en el estudio de la ley perfecta (la que hace libre) y es constante, no como oyente olvidadizo, sino para ponerla por obra, éste encontrará la felicidad en practicarla.

RESPONSORIO BREVE

V. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.
V. No arrebates mi alma con los pecadores.
R. Ten misericordia de mí.
V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Sálvame, Señor, y ten misericordia de mí.

MAGNIFICAT

Ant. El Todopoderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí;
su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos,  enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia
como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Ant. El Todopoderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.

INTERCESIONES

Oremos, hermanos, a Dios Padre, que en su amor nos mira como hijos, y digámosle:
     Muéstranos, Señor, la abundancia de tu amor.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia:
guárdala de todo mal
 y haz que crezca en tu amor.
Que todos los pueblos, Señor, te reconozcan como al único Dios verdadero,
y a Jesucristo como el Salvador
 que Tú has enviado.
A nuestros parientes y bienhechores concédeles tus bienes
y que tu bondad les dé la vida eterna.
Te pedimos, Señor, por los trabajadores que sufren: alivia sus dificultades
y haz que todos los hombres
 reconozcan su dignidad.
Se pueden añadir algunas intenciones libres.
En tu misericordia acoge a los que hoy han muerto
y dales posesión de tu reino.
Padre nuestro…

ORACIÓN

Escucha, Señor, nuestras súplicas y protégenos durante el día y durante la noche: tú que eres siempre inmutable, da firmeza a los que vivimos sujetos a la sucesión de los tiempos y de las horas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

CONCLUSIÓN

En el rezo individual o en una celebración comunitaria presidida por un laico, se dice:
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén